jueves, 15 de agosto de 2024

PEDRO LORENZO MOLLEDA: Más que un nombre para una calle


Cuando hace unos días descubría Marisol Lorenzo ante el público la lápida que daba el nombre de su padre a una calle de Torrelavega, la figura de Pedro Lorenzo se acercó con más fuerza y emoción a mi recuerdo. A mi lado, con la misma fuerza en sus manos e idéntica emoción en el rostro, sonaban los aplausos de Alfonso de la Serna y de su mujer, Ana, y los de Alfredo Pérez de Armiñán, descendientes próximos de Concha Espina. «Nunca olvidaremos lo que Pedro hizo por nuestra abuela en tiempos tan difíciles», me dijo Alfredo, con voz y acento que nacían muy adentro, mantenidos con idéntico agradecimiento a lo largo de tantos años. Las palabras de Pérez de Armiñán eran melancólicas campanas que llamaban a la rememoración, a las que Alfonso añadió, más tarde, entrañables recuerdos con idéntico afecto. En la fotocopia que conservo de las cuartillas originales que Concha Espina escribió para un diario de los años de nuestra guerra civil, se cita con cierta frecuencia a Pedro: «Día 14. Ayer a la hora de sentarnos a la mesa vinieron Pedro y Avelina Lorenzo a comer con nosotros. Nos alegramos mucho. Y trajeron algunas provisiones inestimables: dos litros de aceite, un poco de pan blanco, mantequilla, chuletas, gran lujo». Diario apasionado, ciertamente, de unas también apasionadas fechas de nuestro pasado, escrito desde el sentir de uno de los dos bandos, entre cuyas líneas encontramos reflejada el alma sensible de Pedro Lorenzo, que acudía en todo momento solícito a tratar de remediar males ajenos, aun cuando, como en este caso, lo fuera con ciertos riesgos.

 

Las cuartillas que Marisol leyó a continuación elevaron el tono del reencuentro de Pedro Lorenzo con sus amigos. Sencillas, como hubiera querido; sinceras, como él era; sin ahondar en las pasiones, que tanto le hubiera molestado; llenas de amor al pueblo que lo vio nacer y vivir los más de los años de su vida y que guarda sus restos para la eternidad.

 

La lluvia había caído suave momentos antes. Para los que sabíamos de la amistad profunda de Pedro Lorenzo con Alfredo Velarde, Torrelavega se sumaba al homenaje con esta lluvia, como la «Villamojada» que llamó Galdós y que a Alfredo le gustaba repetir en las cartas que me escribía desde Viña del Mar, en Chile. Manolo Teira, con su presencia, traía para nosotros la memoria de su padre, don Gabino, y así nos apretaba más el nudo de la garganta con el recuerdo de años de la adolescencia, en la que los tres fueron, para algunos de mi generación, maestros de tanto saberes y maneras de ser y entender la convivencia.

 

Después del acto público al que acabábamos de asistir, me encerré entre mis libros y papeles; releí las cartas recibidas de Alfredo Velarde, con referencias constantes a Pedro Lorenzo y a nuestra vida en común en la Biblioteca Popular de Torrelavega. Recordé aquella carta que José Luis Hidalgo había escrito a Pedro, en junio de 1944 en la que confirmaba ese magisterio de que he hablado antes: «Guardo buenos recuerdos suyos, en aquellos tiempos de la Biblioteca y hasta creo que es usted el culpable, en gran parte, de los rumbos señalados a mi vida». La fotografía de Gabino Teira, en la que una luz cenital ilumina la frente guardadora de tantas cosas y que devotamente preside esta habitación en la que estoy escribiendo, contribuía a fijar la añoranza.


Entre las cartas de Pedro Lorenzo volví a encontrarme con una especialmente querida. Permanece cerrada dentro del sobre desde que llegó; desde que volvió a mis manos. Era la última que le escribí a la clínica de Puerta de Hierro, donde falleció. El cartero había escrito al dorso: «Se ausentó».


Publicada en: El diario El Diario Montañés, el 15 de agosto de 1992







domingo, 14 de enero de 2024

In Memoriam 2024

 

No podemos de olvidar la fecha de hoy, 14 de enero, 14 años de la despedida. Para ello traemos las palabras emocionadas y de agradecimiento que un enero de 1985 pronunciaste en el nombramiento de miembros honorarios del claustro de profesores de Colegio José Luis Hidalgo de Torrelavega de:

 don Gabino Teira, don Pedro Lorenzo y don Alfredo Velarde


El Claustro de profesores de este Colegio ha decidido conceder el titulo de Miembros Honorarios del mismo, a don Gabino Teira, don Pedro Lorenzo y don Alfredo Velarde, en merito a la trascendencia de su presencia intelectual en la vida y en la obra de José Luis Hidalgo, título que, desgraciadamente, tiene que ser con carácter póstumo.

No podían faltar estos tres nombres a la hora de distinguir a las personas que han dedicado alguna parte de su vida al conocimiento de la personalidad y la obra del poeta. En este caso su importancia fue mayor, si cabe, pues fueron mentores y maestros suyos en los años cruciales de la adolescencia. Creo que la decisión del Claustro del Colegio es significativa, pues se reconoce así el interés que tiene para el futuro del hombre un Magisterio brillante y sabio.

José Luis Hidalgo, dio sus primeros pasos por el camino de la literatura y el arte, en la Biblioteca Popular de Torrelavega, que estaba regida en sus cargos principales, por Teira, Lorenzo y Velarde. En 1.934 con catorce años de edad, ya era asiduo visitante y voraz lector en este centro. Los conocimientos que fue adquiriendo a través de una lectura siempre apasionada, se completaron con el inteligente asesoramiento cultural de estos tres hombres singulares, maestros también de ciudadanía ejemplar.

“Ciudadano ejemplar” fue precisamente el titulo que se empleaba en una nota aparecida en 1.934 en el semanario El Impulsor, para referirse a Gabino Teira, con ocasión de ser nombrado entonces Presidente de la Diputación Provincial de Santander. Era el reconocimiento escrito de lo que había sido siempre el reconocimiento público de sus convecinos. Se confirmaba en el texto de esa nota, las virtudes e inteligencia del hombre que había llegado a la más alta magistratura provincial partiendo de su discreta ocupación de “tendero”, como a él le gustaba definirse por su negocio de comercio de tejidos. Bajo aquella humilde definición había una de las cabezas mejor dotadas de su tiempo.

Sus conocimientos de Historia y dentro de esta especialidad, en la rama de Historia de América, eran muy superiores a los de muchos profesores de la Universidad de aquellos años. Esta capacidad y cultura, los volcó con un entusiasmo excepcional en la puesta en marcha y posterior vida de la Biblioteca Popular, constituyendo un ejemplo para los jóvenes que en aquellos ya lejanos años tuvimos la suerte de disfrutar de su presencia y aprender a su lado. José Luis Hidalgo reconoció siempre aquel magisterio de lo divino y lo humano con profunda gratitud por cuento le debía su vida y su obra.

Como reconocía también el poeta la presencia impagable de Pedro Lorenzo. En la dedicatoria del libro que publicó con el título de RAIZ en 1.944, quedó testimonio de ello: “Para mi amigo Pedro Lorenzo, -escribió en el ejemplar que le había enviado-, en recuerdo de los viejos tiempos en que tanto me enseñó”; testimonio que había tenido su antecedente en una carta de Hidalgo a Lorenzo escrita poco antes, en la que le decía: “Guardo buenos recuerdos suyos de aquellos tiempos de la Biblioteca y hasta creo que es usted el culpable en gran parte de los rumbos señalados a mi vida”; naturalmente, con un culpable subrayado, para evidenciar el cariño de la expresión.

El mas honesto testigo de la vida provinciana de esos años, José del Rio Sainz, “Pick”, escribió de Pedro Lorenzo en un artículo de 1.928: “Su biblioteca y su colección de cuadros modernos, dicen bien claramente todas las posibilidades de cultura y de gusto que hay en él”. Pedro Lorenzo fue siempre un exquisito gustador de la literatura y el arte, en los que refugio sus amarguras en los años de la guerra civil española y en los de la posguerra.

Un tercer hombre se une hoy al de los dos citados, en el reconocimiento público a su labor entusiasta e intelectual desde la Biblioteca Popular de Torrelavega y en esta influencia sobre José Luis Hidalgo de que vengo hablando. Me refiero a Alfredo Velarde, muerto no hace todavía mucho tiempo en su Chile natal. Velarde ejercía en ella el cargo de bibliotecario y sus amplios conocimientos de la literatura propiciaron que la selección de obras que se iban incorporando a sus estantes fuese muy cuidada, siendo un asesor muy cualificado en la orientación de nuestras lecturas. José Luis Hidalgo fue uno de los predilectos de Velarde y quien supo adivinar en los años todavía inmaduros del poeta, todas las posibilidades intelectuales que había en él. En una carta que me escribió desde Chile, poco después de la muerte de Hidalgo, hacía una larga referencia a aquellos años y al poeta muerto: “Le conocí de niño, creció entre nosotros -son sus palabras- y habló y pintó y poetizó entre los gastados bancos de la Biblioteca Popular”.

Creo que no son necesarias más palabras para justificar la decisión del Claustro de Profesores de este Colegio de recibirlos como miembros honorarios del mismo, reconociendo así, la importancia de su influencia de la formación personal y cultural de José Luis Hidalgo. 





domingo, 31 de diciembre de 2023

Azorín

 

Centenario de Azorín

 


         En este año de 1973 que está transcurriendo se cumple el centenario del nacimiento del escritor José Martínez Ruiz, más conocido por el seudónimo de Azorín.

 

         El ilustre escritor había nacido en Monóvar, provincia de Alicante, el año 1873. Su primer libro llevaba por título «Buscapiés", y apareció en 1894. En 1896 se trasladó a vivir a Madrid, donde ya residiría prácticamente hasta el final de sus días, con el intervalo de su estancia en París durante la guerra civil española.

 

         Escritor prolífico, sintió siempre una gran atracción por el periodismo, hasta el punto de confesar en cuantas ocasiones se le presentaban que a él le gustaba más la labor periodística que la de escribir libros. Hombre de su generación, la famosa del 98, sus colaboraciones en la prensa diaria y en la semanal de los primeros años son "violentas y atrabiliarias», lo mismo si se trataba de política como de literatura. En 1900, sin digerir todavía el desastre colonial de 1898 y sus secuelas, publica «El alma castellana», libro con el que inicia lo que a lo largo de su vida sería un motivo fundamental en su obra: la revivificación del pasado español. 1902 es una fecha importante para Azorín: aparece su primera novela, que tituló «La voluntad», en la que se encuentran algunas de las mejores páginas escritas en lengua castellana en lo que va de siglo.

 

         La prosa azoriniana es muy característica: párrafos breves, evitación de todo énfasis, con cuidado gusto que proporciona a sus escritos una sensación gratísima de pulcritud.

 

         Como una pequeña guía para nuestros lectores que se quieran adentrar en la obra de este escritor, citamos, aparte de «La voluntad", a que ya nos hemos referido, "Los pueblos", «Doña Inés», «Un pueblecito» y «Salvadora de Olbena», libros que están al alcance del público en ediciones económicas.

 

         Siguiendo nuestro criterio de que el escritor habla mejor de sí mismo con su pluma que lo que nosotros podamos decir, damos con estas notas un breve artículo que publicó Azorín en «Blanco y Negro", en abril de 1907. Es una bella muestra de su prosa y, al mismo tiempo, un ejemplo del desencanto en que vivían los hombres egregios de los primeros años de nuestro siglo.


 Publicado en: Sniace. Nuestra vida social nº 138. septiembre-octubre 1973

 


 

domingo, 24 de diciembre de 2023

Las primeras colaboraciones literarias de los jóvenes valores montañeses de “Proel”

 

Las primeras colaboraciones literarias

de los jóvenes valores montañeses de “Proel”

En alerta, allá por los años 1944-45

         Antes de que el primer número de “Proel” saliera a la calle, en abril de 1944, un grupo de los colaboradores primeros de la revista ya había empezado a escribir en el diario ALERTA. Su director, Francisco de Cáceres, les había abierto las puertas de par en par y allí fueron afinando su pluma y resolviendo, por lo menos, el gasto mensual de tabaco, que entonces era un problema importante. Bien es verdad que las cajas del diario no podían ser muy pródigas a la hora de pagar las colaboraciones, pero aquello presentaba el encanto de ser el primer dinero ganado con la «literatura»; la edad de los firmantes les hacía sentirse halagados y les proporcionaba hasta una pequeña vanidad, casi infantil, que exhibían con algún orgullo por el Paseo de Pereda. Ya era importante el ver impresos los juveniles versos, pero “Proel” como toda revista de este género, era minoritaria en cuanto a lectores y lo que realmente les estaba proporcionando “autoridad” de literatos, ante el público espeso y municipal, era su colaboración en este periódico.

ENRIQUE SORDO


         El primero que se lanzó a la aventura en ALERTA (me estoy refiriendo a los años 1944 y 1945), fue Enrique Sordo. El 6 de mayo de 1944 aparecía un artículo suyo con el título de «Al margen de la crítica: Pancho Cossío o la inquietud». Su autor tenía 22 años y el mismo enunciado del trabajo (“Al margen de la critica ...”), evidenciaba fuertes resonancias intelectuales. Sordo fue el más asiduo en esta labor, que alternaba con una dedicación entusiasta a «Proel». El mismo mes de mayo publica ALERTA con su firma un comentario a la poesía de Adriano del Valle (“De la poesía de Adriano: El soneto, la manoletina y las libélulas”) que por su largo y rocambolesco título, dice ya bastante de su contenido. Desde su puesto de miembro del Frente de Juventudes, hace frecuentes escapadas a lo “político”, y así encontramos trabajos como “La naturaleza y la Falange: el diario de un montañero”, “Cauces de una política española”, “El problema sucesorio”, “El hombre español y sus libertades”, “Una ley para todos”, etc., de los que algunos figuraban como el artículo editorial del periódico, pero princiopa1sus escritos iban dando cuenta de las lecturas que le atraía entonces, que eran más o menos también las de sus compañeros de equipo. Aparte de algún artículo con visos de ensayo, como «Tierra y amor: Aleixandre», «Una lección de historia: Ya conocemos al Japón, sin leyendas y sin mitos», «España descubierta ante el mundo»... Enrique Sordo se dedicaría en ALERTA en estos dos primeros años de la vida de “Proel”, a comentar los libros que iban apareciendo en los escaparates de las librerías, principalmente las novelas extranjeras: «E1 río salvaje». «La vida privada de Enrique VIII», de M. Baring; «Canguro», de D. H. Lawrence; «La casa de las muñecas», de K. Mansfield; «La baronesa», de E. Wiechert; «Cristina», de C. Houghton; «Algo flota sobre ,el agua», de L. Zilahy; «Los que vivimos», de Ayn Rand; «Si la luna me trae fortuna», de A. Campanile, títulos todos que nos sirven para conocer la bibliografía que los hombres de aquella generación manejábamos en una capital de provincias en estos años, a los que habría que añadir, para completar la lista, los que otras firmas glosaron entonces en el propio periódico, algunas también, de “Proel”, como veremos enseguida.

          Para estas lecturas, siempre estaba abierta para los amigos la nutridísima biblioteca de Leopoldo Rodríguez Alcalde y la de Ignacio Romero Raizábal. Sordo escribió asimismo sobre libros de poesía que iban llegando a Santander, como los "Ensayos sobre poesía española" de Dámaso Alonso, o los "Versos de un huésped de Luisa Esteban», de José García Nieto.

GUILLERMO ORTIZ 

           Guillermo Ortiz, otro proelista de la primera hora, se estrenó en ALERTA e1 26 de septiembre de 1944, con una recensión del libro "TU y YO" de P. Geraldy, y sus trabajos siguientes, tanto de crítica de libros, como artículos propiamente dichos, tenían una frecuente orientación; así, “La mujer fantasma”, de W. Irish; “Radium”, de R. Brungrabers; “Asía misteriosa”, de F. Prokosch; “Muchos son los llamados”, de H. Horter.

         Entre sus artículos destacarían: “Luisa Férida, fusilada”, “¿Pudo el hombre pez de Liérganes nadar desde Bilbao a Cádiz”, “El espiritismo es ya casi centenario” y “Hoy, 13, y martes", alternándolos con trabajos de variada especie, cómo “El postismo”, “Retrato de un poeta” (sobre un retrato de Vicente Aleixandre hecho por José Luis Hidalgo) y “Ha muerto ÚNO», sobre la muerte de Solana. Pero quizás el camino más conocido por Guillermo Ortiz era el del cine y a él dedicó muchos días y muchas noches de estos primeros años de “Proel” que quedaron reflejados, inicialmente, en el articulo “El premio de cinematografía de Hollywood a un film propaganda católica” y en “Cuando el cine se va al frente”, “Decadencia del cine” y “El cine, la inocentada de mayor éxito en la historia del mundo”.

MARCELO ARROITA -JÁUREGUI

         Can este mismo tema del cine empieza su colaboración en ALERTA, otro de los colaboradores primeros de “Proel”, Marcelo Arroita-Jáuregui, que el 31 de diciembre de 1944 publica “Panorama del cine en 1944”. Al mes siguiente hace un comentario sobre el libro de Ricardo Gullón, «Vida de Pereda», en el que destaca la aportación del autor a la resurrección del Santander perediano. Arroita también tomó parte, con sus recensiones, en la labor de completar la lista de los libros que circulaban por Santander, escribiendo afortunadas notas sobre "Así era Ivor Trent", de C. Hughton; «Metamorfosis», de F. Kafka; "Voz de la muerte", el segundo libro de poesía publicado por José Luis Cano, y un ensayo sobre «La poesía española en la poesía europea de la postguerra».

         Arroita, como Sordo, también pertenecía al Frente de Juventudes y desde esta postura, política publicó en ALERTA artículos como «El Estado español frente a la tiranía», «Franco y la unidad de España», «Sobre la libertad humana» y «La rosa en la piedra». Otros trabajos de Arroita-Jáuregui de estos años 1944 y 1945 a que me vengo refiriendo, dignos de destacarse de las páginas de este periódico, fueron los que tuvieron como título "En torno a José Gutiérrez Solana" y "El pasaje y la poesía: un libro de Enrique Sordo", terminando el año metido en una polémica nacional, en relación con la representación del personaje Don Juan Tenorio por una figura femenina y un artículo más o menos burlesco, "Hoy sale, hoy. Reflexiones de un próximo millonario".

 JOSE LUIS HIDALGO Y OTROS


        
El 18 de septiembre de 1945 encontramos la primera colaboración de José Luis Hidalgo con el título “La poesía de Alejandro Nieto” es critico con motivo de cumplirse el quince aniversario de la muerte de “Amadís” y todavía, antes de marchar para Valencia, donde caería enfermo de muerte, aparecerían en ALERTA "Elogio de la sequía», «El sentido religioso en la obra de Gabriela Mistral », «Dumbo, psicoanálisis», «Sert, el barroco» y «Obra y muerte de Manuel llano».

         Ya casi finalizado el año1945 (el 27 de noviembre), publica Leopoldo Rodríguez Alcalde «La literatura francesa durante el último lustro». Con este trabajo se inicia en las páginas del diario y desde entonces su firma ha sido habitual en el periódico. A este trabajo seguirían otros como «El anticolaboracionismo literario no tiene en Hungría un tono violento» y «Una enorme floración poética es el hecho relevante del año literario», pero en esta primera época de sus colaboraciones era más frecuente encontrar escritos que arrancaban de un fondo histórico, como «El sino trágico de los Habsburgos» o «Hubo también un Lawrence femenino».

         De otros colaboradores de “Proel”, como Julio Maruri, salió en ALERTA del 26 de diciembre de 1945 un delicado artículo con el título “El villancico”, y de Luis Reina Huerta, «Luz y espíritu en la poesía de Bernardo Casanueva» y «24 de noviembre. San Juan de la Cruz».

EL «SALONCILLO DE “ALERTA”»

         Las relaciones de los hombres de "Proel" con el diario ALERTA en los dos años a que me vengo, refiriendo, no se limitaron a estas colaboraciones, frecuentes y siempre llenas de interés, como hemos visto. Cáceres preparó en el domicilio del periódico del viejo chalet de la calle de Santa Lucía un pequeño salón para reuniones y exposiciones, que fueron acaparadas casi íntegramente por los proelistas. En este local. que fue bautizado con el nombre de «Saloncillo de ALERTA», el 5 de abril de 1945 dio a conocer Enrique Sordo su libro «Semilla de ensueños». El 25 de mayo le tocó el turno a Julio Maruri, que leyó una selección de «Las aves y los niños», el libro que más tarde publicaría “Proel” en sus cuidadas ediciones, y a los pocos días, el 29 del mismo mes, Marcelo Arroita-Jáuregui ocupó la «tribuna» del saloncillo con versos de su libro inédito «Cancionero en Durango». Cerró la serie de este año 1945 Leopoldo Rodríguez Alcalde, el 21 de septiembre, que recitó una muestra escogida de su amplia producción poética. Todavía, antes de terminar 1945, fue habilitado el salón para una exposición de José Luis Hidalgo, inaugurada el 19 de noviembre.

EL MAGISTERIO DE RICARDO GULLÓN

         Esta fue la colaboración de los hombres de "Proel» con el diario ALERTA durante los años 1944 y 1945, pero antes de cerrar estas notas, se hace precisa, una observación para completarlas y volver el que esto escribe sobre lo apuntado ya en otra ocasión. La mayor parte de los libros citados más arriba fueron leídos por algunos de nosotros, a instigación de Ricardo Gullón, que ejerció en forma perfecta en aquellos años de su vida santanderina un auténtico magisterio, sobre nuestra generación y apetencias literarias.

         El se ocupaba con frecuencia de la crítica, de libros en ALERTA en los años iniciales de “Proel”, en los años que todavía no estaba vinculado a la revista en la forma absoluta en que más tarde lo iba a estar […] comentario a estas […] de Gullón en este diario, se sale de nuestro propósito inicial y además merece un trabajo aparte.

Publicado en:

El diario Alerta el 24 de junio de 1973


 

miércoles, 20 de diciembre de 2023

Torrelaveguense Ilustre

 


Con motivo de la presentación del Grupo de Opinión Quercus de un libro sobre los 25 años de la concesión del galardón de Torrelaveguense Ilustre, el escrito que realizó Aurelio con motivo de la entrega de dicho galardón a Antonio Resines. 

 

UN CIUDADANO ILUSTRE
Antonio Resines, un torrelaveguense ilustre



El Grupo de opinión "Quercus" ha recuperado, para su opción de distinguir anualmente la vida y la obra de un torrelaveguense, la personalidad de un hombre de la diáspora que se encuentra en la edad en que la juventud puede mostrar ya efectivos logros. Y con esta orientación han fijado la flecha en Antonio Resines; un triunfador del cine.

Cuando se hace preciso escoger un solo nombre entre los posibles, pienso en lo difícil que tiene que resultar la decisión. Existen, para esta y circunstancias semejantes, una serie de determinantes que lo complican y obligan a medir y pensar con inteligencia y rectitud de miras. No, no debe de resultar sencilla la decisión final entre la serie de nombres que han tenido sobre la mesa de los que era preciso extraer uno solo.

El público tiene derecho a pensar en las posibles equivocaciones.

(Pienso, al escribir estas líneas, que el año pasado estuvo el mío encima de esa misma mesa y por eso me resulta difícil seguir adelante tratando de olvidar su generosa designación al alzarle entonces entre los demás en decisión final. Gracias otra vez)

  Dejando aparte la determinación que precedió a la de este año, quiero fijarme ahora brevemente en el nombre de Antonio Resines, a quien con satisfacción pasaré el testigo en el oportuno acto.

"Soy actor por casualidad" comenta él en una reciente entrevista. Y añade: "Lo que quería era producir películas, porque dirigirlas me parecía demasiado difícil". Por estas declaraciones a que aludo, nos enteramos de que cuando se trasladó a residir en Madrid, llevado allí por su padre con el resto de la familia, ya tenía en mente el posible camino del cine. Inició sus estudios en la Facultad de Imagen que alternaba con otras actividades más prosaicas como recadero en una constructora. Nos cuenta también de su primera intervención en un corto que rodaba su compañero de la facultad, Oscar Ladoiro. No era cómoda para un principiante la escena en la que participó, pues se trataba de "dar un guantazo a una chica", pero por algo se empieza. Siguieron más cortos, películas, estancia profesional en Estados Unidos. "Y luego la vida, que me ha ido convirtiendo en un profesional".

Precisamente se está hablando de Resines en estos días para la concesión del Premio Goya por su intervención como actor principal en la película "Carreteras secundarias". En su pueblo esperamos muy ilusionados que se confirme esta distinción.

Como puede entender el lector, los de "Quercus" han fijado, para ese Senado local que pretenden, que su composición se mueva en todas las direcciones profesionales y en el mundo del recinto local y en el de la diáspora, lo que le concederá la oportuna diversidad.

Saludos y enhorabuena Antonio Resines de

Aurelio G. Cantalapiedra
Cronista Oficial de la Ciudad


Publicado en: El Diario Montañes, 11 de Enero de 1998







domingo, 17 de diciembre de 2023

PRESENTACIONES DE PEÑA LABRA EN 1973

Hace cincuenta años que Aurelio García Cantalapiedra escribió estos dos textos para la presentación de números de Peña labra.

PRESENTACIÓN DEL Nº 7 DE PEÑA LABRA


El “Aula Poética” de PEÑA LABRA les ha convocado hoy por dos motivos. Por un lado, como ya es habitual, para ofrecerles la presentación de nuestra publicación, que hoy corresponde al número siete, y por otro, y esta es la vertiente más importante, para que, reunidos todos aquí, dediquemos un recuerdo cariñoso y lleno de admiración a quien fue maestro de periodistas y gran poeta, José del Río Sainz, nuestro “Pick”.

El que hoy dediquemos este acto a Pick, obedece a que entre las páginas del número de PEÑA LABRA que les presentamos, encontrarán Vds. una breve antología de sus versos y tres inteligentes trabajos sobre su persona y sobre su obra.

Pick, el viejo Pick de la cachimba siempre humeante, la ropa llena de ceniza y los bolsillos repletos de periódicos, no puede ser olvidado por los montañeses de su generación, ni por los que, como yo, que, aun cuando llegamos con retraso al banquete de su amistad, pudimos comprobar la gran humanidad que le trascendía. En este barco nuevo que es PEÑA LABRA, no podía faltar el viejo marinero y sus poemas, como no podrá faltar, en su día, el otro lobo de mar de los versos salobres que fue Jesús Cancio.

         En un caserío cercano a Torrelavega, se conserva grabado en una piedra, un breve verso de Pick, en el que el poeta dejó muestra de unas horas de su vida y que yo quiero traer hoy aquí como homenaje de mi pueblo, de quien él se ocupó en numerosas ocasiones en sus escritos.

¡Noche! El caserío aislado,

unos amigos, la cena;

tan sólo el silencio suena

y con qué ruido sagrado.

         La lectura de este poema de ocasión, aun dentro de su brevedad y de ser circunstancial, dice bastante del hombre que fue José del Rio. En él queda constancia de una noche de cena, de amigos, -fundamentalmente de amigos-, en la que su espíritu abierto y generoso, de hombre de mar, gozaba y se entregaba sin reservas a las horas sin límite de la noche y de la amistad.

Pero he de cortar estas notas y dejar en el aire todas las resonancias que su recuerdo nos traen, porque nos espera la lectura de una página de esta entrega de PEÑA LABRA; página dedicada precisamente a nuestro poeta, escrita por una de las personas que mejor le conoció y que recogió de sus labios, en largas conversaciones marineras, confidencias y noticias de primera mano. Me refiero al Ilmo., Sr. Presidente de la Diputación y de la Institución Cultural de Cantabria, don Rafael González Echegaray, que ha tenido la gentileza, no solo de enviarnos una bella colaboración para este número, sino de aceptar nuestra invitación para unirse al recuerdo de Pick. Ha sido una pena que, a última hora, razones importantes derivadas de su cargo, le hayan obligado a salir para Madrid, privándole de estar en este momento con nosotros, como era su deseo, para leer personalmente su trabajo. Por delegación expresa lo hará en su nombre don Miguel Ángel García Guinea, Director de la Institución.

Las veinticinco horas que tiene que dedicar el Sr. Echegaray todos los días a sus labores oficiales, nos han privado de un estudio suyo más amplio, pero verán Vds. que su corto parlamente, queda altamente compensado por la calidad que encierra.

 
20 de mayo de 1973

Inédito. En nota manuscrita se lee “No fue leído. En base de ello improvisé un comentario.

PRESENTACIÓN DEL Nº 8 DE PEÑA LABRA

 


PEÑA LABRA recuerda hoy, jubilosa, con un número especial, la existencia de PROEL, la revista montañesa que sacó de su letargo a nuestra cultura local de los años cuarenta.

Cuando apareció PROEL, solamente a cinco años vista del final de la guerra civil, Santander no era una excepción a la regla general que cubría a toda España, y las actividades intelectuales marchaban en un forzado ralentí. Nosotros, además, nos habíamos permitido el lujo de añadir a las tremendas consecuencias de la guerra, el fuego de 1941 que se llevó en unas horas bibliotecas, cuadros y documentos y con ellos el ánimo de sus propietarios, añadiendo una nueva desolación cultural sobre la que arrastrábamos. El edificio del Ateneo, entidad que entonces polarizaba las labores de este tipo, también sufrió desperfectos que redujeron su mermada marcha.

La cordillera impresionante de la guerra, parte en dos el curso de nuestro siglo XX. Todos los intentos que se han hecho en cualquier aspecto de la vida humana, para tratar de soldar un camino iniciado después de la conflagración, con lo que se ha creído que pudiera ser su antecesor en julio de 1936, lo han sido en vano. La poesía montañesa no podía ser una excepción y como la de todas las regiones españolas, dejó de existir para dar paso a una realidad distinta escrita en el inmenso y duro papel del conflicto. Acaso, allá en el trasfondo latía la rima, pero soterrada; a veces enmudecida por presiones extrañas. A veces, también, el romance, el tradicional romance que siempre surge en estas circunstancias, canta las hazañas bélicas de uno y otro bando, y la gloriosa épica se exalta ante las gestas de los combatientes, pero todo es nuevo, nacido de la ocasión, sin conexión con lo que había quedado detenido en el camino.

Nuestra poesía tuvo felizmente su PROEL. Llega en 1944 y con él se enciende una saludable polémica que iba a servir de revulsivo a la ciudad. Todos recordamos los artículos de Polibio sacudiendo sañudamente a los mozalbetes que crearon la revista y las contestaciones de éstos. PROEL siguió adelante; rebasó la incomprensión de muchos y se afianzó. Con su revista cubrió una etapa que va de abril de 1944 al verano de 1950, etapa que completó con las actividades culturales del barracón de la plaza de Velarde y su colección de libros. Con ello salvó a Santander de la indigencia cultural. Santander, gracias a PROEL tenía ya algo que decir en el mundo intelectual de España y fue acicate para otras meritorias empresas locales del mismo tipo que vinieron después.

***

Antes de ceder la palabra a José Hierro para escuchar esa conferencia que todos esperamos con tanto interés, quiero hacer público mi reconocimiento a Pablo Beltrán de Heredia, sin cuya generosa y eficacísima colaboración no hubiera sido posible este número de PEÑA LABRA.

         Y a ti, Pedro Cantolla, muchas gracias por la difícil y meritoria labor que realizaste en los años cuarenta al frente de PROEL, a la que todos debemos todo.

Cámara de Comercio de Santander , 25 de mayo de 1973



 

 


domingo, 10 de diciembre de 2023

En la exposición de Sobrado

 

En la exposición de Sobrado

(Impresión Primera de un visitante)

  

         Si nos atreviésemos a dar un consejo a los visitantes de la exposición de Pedro Sobrado, podría ser el siguiente: deja en la puerta todo lo que sabes de pintura y entra con los ojos y la inteligencia virgen. El goce artís­tico que reportará la obra expuesta se multiplicará hasta magnitudes infinitas. El dibujo, el color, la sobriedad del color, el lirismo del dibujo, sobre todo, se adueñan de la retina del visitante. En el arco tenso que son los cuadros de Sobrado, podremos entonces también nosotros colocar nuestra flecha y dejarla volar hasta donde quiera el artista. Es el momento en que la creación cumple su fin. El contemplador se siente arrebatado por lo contemplado; sin esfuerzo alcanza el goce total. El artista empieza a hablamos desde su mundo. Bajo las líneas blancas, repetidas en forma maestra, empezamos a adivinar todo el dolor que guardan y nos damos cuenta de que se ha buscado adrede el blanco pata tratar de dominar la tristeza que encierran. El artista pretende engañarnos; quizá engañarse a sí mismo, buscar con el blanco el efecto contrario al negro, pero su blanco es transparente, luminoso, de horas y horas de lucha. de horas y horas de esperanza, que aquí se nos antoja ya alcanzada. Pedro Sobrado está ya en su gloria.

 

         Visitante: sigue nuestro consejo. Olvida lo que has visto hasta ahora y entra con el alma limpia. El dibujo te sorprenderá; el color te sorprenderá. Todo en esta exposición te sorprenderá.

 

         Como final, un secreto arrancado a los cuadros; no lo olvides, pero no lo cuentes: tras tanta emoción contenida en cada uno, hay un alma femenina que sostiene el arco para que el seguro arquero lance su flecha: Edwige, la mujer del pintor.

 


 

Publicado en:

El diario Alerta, el 4 de agosto de 1973

 

Incluido en los libros:

 

Torrelavega. Érase una vez el arte… los artistas y el mundo que les rodea. Editado por el Ayuntamiento de Torrelavega, 1999

 

Torrelavega de Historia, Literatura y Arte

Editado por el Ayuntamiento de Torrelavega, 2006