Una capital de provincia (Zamora), un hombre (Enrique Seco San Esteban, 34 años) autodidacta, una larga estancia en París estudiando la pintura de los maestros y regresó a Zamora. Esta es la sencilla vida del pintor San Esteban. No busquéis grandes premios, ni exposiciones, ni exhibiciones personales, porque no los encontraréis; el pintor ha huido de ellos. Tiene suficiente con su mundo interior, que este sí que es complejo. Necesitó seis años en la capital francesa para ver toda la pintura que le interesaba y ahora toda una vida para desmenuzarla con su sensibilidad y reflejarla en su obra, en el sosiego de su Zamora natal.
San Esteban es un artista total; el arte es una exigencia biológica para él y no se detiene ante nada. Cuando se enfrenta a una cosa bella intenta hacerla suya; no le importa que el resultado tenga que ser la copia de "La Venus del espejo" o una madonna de Greco. Todo lo que hiere su retina es susceptible de pasar al lienzo: interiores humildes, niños que juegan, la labor del campo, dura, necesaria, bajo un sol violento... todo a través de unas delicadas veladuras que lo llenan de poesía y proporcionan a su pintura un encanto especial. A veces, arranques de color desconcertantes, por donde se escapa cierto dramatismo.
Por esto su exposición desorientará a quien busque inútilmente una unidad en la obra que muestra. La unidad está en él, en el hombre Enrique Seco San Esteban, 34 años, autodidacta, una larga estancia en París, recluido en una capital de provincia, de vuelta de la pintura del mundo, en el que el arte circula mezclado con la sangre por sus venas.
Publicado en: Programa de la exposición de San Esteban en la sala Espí (Torrelavega)
1 al 17 de julio de 1974
San Esteba, en la sala Espí
En medio del mundo artístico que nos rodea, naturalmente inquieto, inquirente y desasosegado, la exposición de San Esteban es un oasis de paz. Pintura que se aparta del mundanal ruido para refugiarse en hechos sencillos, en los que el artista se recrea, haciendo laboriosa materia. No hay tragedia aparente en estos lienzos. Y si la hay, se ha quedado dentro, detrás de la puerta semiabierta al campo y detrás de las miradas de esas mujeres entregadas a la labor de cada día. Sin embargo, todo tiene para el autor categoría de Partenón: la lavandera en el regato, la mujer sentada a la puerta de una casa humilde, la ropa tendida al sol, las horas y horas en la era... San Esteban lo lleva al cuadro entornando los ojos y entornando el color para que vibre en el espíritu del espectador.
La pintura, a veces, parece sólo insinuada; es delicada la técnica. Muchas que inicialmente fueron luminosas (demasiado luminosas, pensó sin duda el autor), a las que una veladura ha proporcionado cierto misterio poético.
San Esteban es un artista total (ya lo dijimos en el catálogo de la exposición); el arte es una exigencia biológica para él y no se detiene ante nada. Cuando se enfrenta a un motivo bello intenta hacerlo suyo, sin importarle que el resultado tenga que ser la copia de "la venus del espejo" o una madonna del Greco. Podíamos haber iniciado este comentario titulándole "San Esteban o la humildad", pero es igual que lo digamos al final, rubricando nuestra opinión.
Publicado en el diario Alerte. 7 de julio de 1974


No hay comentarios:
Publicar un comentario